Esta semana, como ya parece costumbre, el presiente de Estados Unidos vuelve a estar en el ojo del huracán de la opinión pública. El mandatario republicano desde tiempos previos a su carrera política ya era conocido por la irreverencia en sus manerismos, característica que se ha visto pronunciada en su gobernatura.

El pasado 13 de julio Donald Trump y su esposa Melania visitaron a la reina Elizabeth II en el Castillo de Windsor, hecho que a muchos británicos no agradó. Desde que se anunció la visita el descontento de muchos ciudadanos se expresó de diversas formas, destacándose una petición que se oponía a su llegada firmada por más de un millón de personas (generando debate en el parlamento) y la exhibición de un globo que lo representaba como un bebé naranja en varias manifestaciones de protesta.

Como si lo anterior fuera poco, durante la visita, Trump faltó a varios protocolos. En redes sociales se hizo viral un vídeo en el que se veía al mandatario adelantando y bloqueando el paso de la reina, teniendo ella que rodearlo para tomar la delantera de nuevo como dicta la estricta etiqueta real. Además, fueron también muy comentados los broches que la reina usó durante la estadía del presidente norteamericano en Reino Unido. En los tres días la reina usó un broche que le regaló Barack Obama (predecesor de Trump), el broche que su madre usó en el funeral de su padre y un broche que le regalaron los mandatarios del gobierno Canadiense (gobierno al que Trump ha criticado ampliamente).

Reina Elizabeth durante la visita de Donald Trump a Reino Unido

Esta no es la primera vez (y probablemente tampoco la última) en que los modales de Trump con miembros de la realeza resulta en polémica. Hace un mes cuando los reyes de España visitaron la Casa Blanca, presuntamente la reina Letizia se llevaría un gran disgusto cuando Trump le indicó que tomara el té con Melania mientras él y Felipe hablaban en el Despacho Oval. Se dijo que la reina española se negó al considerarlo un acto machista, ya que ella se rehusaba a ser considerada una ‘esposa ornamento’.

Reyes de España durante su visita a la Casa Blanca

Si bien los hechos fueron desmentidos al día siguiente por un portavoz de la Casa Real, diciendo que Letizia no se negó a tomar el té con Melania y que se mantuvo un clima de extrema cordialidad entre ellas, el presunto comportamiento de Trump no fue difícil de creer. En conclusión, se podría decir que estos sucesos se sumarían a las políticas de relaciones exteriores del mandatario, el cual no discrimina entre inmigrantes desamparados o miembros de la realeza para llevar a cabo su ideología de ‘hacer a américa grande de nuevo’.

 

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